Recuerdos de las primeras olas
Hay tiempos
que sabemos: el promedio de vida humana, y los dos movimientos de la Tierra.
Otro es el
tiempo del sueño y de la vigilia, y otro es el tiempo en el sueño y en la
vigilia.
También sé
por superfluos conocimientos de física que el tiempo y el espacio están
íntimamente unidos.
Entonces
La
percepción del tiempo en la pandemia tocó todos los bordes. La virtualidad me
dio una ilusión del espacio diferente, en donde solo frente a la pantalla me
sentía cerca de personas que estaban lejos.
Presté más
atención al tiempo en el sueño, observando cuánto tarda el velo del día en
borrar lo que soñé. Hay un haiku de Borges que me gusta: “¿Es o no es el sueño
que olvidé antes del alba?”
El tiempo es
un viaje que va siempre hacia adelante. Hace poco una persona me habló del
intento que hace el fotógrafo de capturar el tiempo deteniéndolo; y se me viene
a la mente las miles de fotos en la redes de cielos vistos desde el lugar de
confinamiento de cada uno. Yo empecé a seguir los hashtags #desdemibalcón
y #desdemiventana
En la
mitología el tiempo es un dios que se come a sus propios hijos. Asi de brutal.
¡No hay forma de estar en armonía con esa imagen!
Un tío que
era médico, les decía a sus pacientes ante determinados síntomas: “Esto se cura
con hojitas de calendario”
Volviendo a
la pandemia observé estos momentos del tiempo: la hora en que se cierran las
ventanas de la casa, la hora de las pantuflas al borde de la cama, mis pies en
las pantuflas, las ventanas que se abren. Los tiempos que hemos vivido, creo
que han sido carcelarios, aunque los presos no usen pantuflas.
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