La Nueva Ficción. A propósito del supuesto escándalo Wanda, La China y Mauro
Esta historia triangular se resume así: una actriz con provocativas fotos seduce a futbolista casado, o futbolista casado de provocativas fotos seduce a actriz argentina, en fin, la seducción a veces es más fácil leerla de forma unilateral. Estos dos se encuentran en la habitación de un hotel de Paris, pero él atraviesa un inconveniente, no queda claro si fue impotencia, pánico, cansancio o culpa, la cuestión es que no pueden consumar. Sin embargo la esposa del futbolista se entera, se indigna y promete una venganza. La historia parece escrita por una usina de telenovelas argentina de los ‘90s pero en los ‘20s de este segundo milenio un aceitado soporte de redes y medios, la convierte en un éxito. Un ojo que se detenga se dará cuenta que la actriz otrora protagonista exitosa de televisión, alimenta la historia a cambio de su permanencia en el imaginario popular, tal vez preparando la difusión de su próximo trabajo, quien sabe. La esposa despechada a su vez es una empresaria que comercializa ciertos productos, ella también alimenta esta historia y sus ventas. ¿Qué puede tener esto de atractivo que amerite una publicación aunque sea en un blog que nadie lee? No es una novedad, sigue la tradición de borde ficción – realidad de la Guerra de los Mundos de Orson Wells, aunque en este caso los bordes se manchen de grasa. Otra vez un público ingenuo cree en esta historia como real y la sigue en capítulos como una ficción, en las redes y medios gráficos aparentemente prestigiosos, de la derecha a la izquierda. Nuevas declaraciones, nuevos viajes, personajes que se agregan, revelaciones, inminencias de peleas descarnadas, más fotos de los protagonistas. La pregunta es, ¿realmente el público es tan ingenuo? Sí, podría ser, años de periodismo que narcotiza hicieron lo suyo. Pero también podría ser que este público, ese “nosotros”, deliberadamente haga un paréntesis en el análisis de veracidad, para así sumergirse en la historia que anime posibles conversaciones con taxistas o compañeros de trabajos. Después de todo, estos protagonistas son ricos, tienen casas no sé dónde, viajan en primera clase de avión con la misma frecuencia en que nosotros viajamos en subte, así que de todos modos la relación con la realidad nos queda lejos, ¿qué más da que sea cierto o no? Igual están lejos. Algo similar ocurre con “El Show del Problema” programa de la tarde de un canal de aire, aunque allí son “gente común”, también se desmenuzan escándalos tipo, “mi ex mujer sale con el ex novio de mi hija”, se muestran videos que documentan la historia y los protagonistas se presentan en el estudio y discuten entre ellos, moderados o fogueados según el caso por un conductor y un panel de especialistas en algo. Quien vio el programa, sabrá que tanto los videos como los protagonistas son poco verosímiles. Lo cierto es que los involucrados en el escándalo del día son actores y hay un guion que se estudia y se interpreta. Desde el programa afirman a rajatabla que todo eso es real. Está bien, la televisión es boba y prueba fórmulas hasta que alguna resulte. Lo novedoso es este nuevo público: ingenuo por decisión, como si dijera “déjame ver, no me importa si es real o no”, no es relevante. Dice: “No me la creo, pero es mejor que creas que me la creo”. Freud clamaba desde “El Malestar en la Cultura”: “La ligera narcosis en que nos sumerge el arte solo proporciona un refugio fugaz ante lo azaroso de la existencia y carece de poderío suficiente como para hacernos olvidar la miseria real”. Las crispaciones de Wanda y La China no es arte, convengamos, pero sí asume el fracaso previo de rescatarnos de la miseria a la que alude el gran Sigmund. Lo que las masas hacen no es criticable ya que las culpas nunca son colectivas sino individuales, pero sí la empecinada intención manipuladora de los creadores de contenidos.
Felicitaciones! Muy interesante. Yo sí voy a leer este blog.
ResponderEliminarSaludos poco correctos!
Me encantó tu interpretación de los hechos. Gracias!!
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